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viernes, 5 de marzo de 2010

VIRUS DEL ESPACIO EXTERIOR



En " La Amenaza de Andromeda", un satélite de exploración norteamericano retorna a la Tierra cerca de un pequeño pueblo norteamericano. En su interior se encuentra un virus que produce la muerte instantanea de toda la poblacion, dejando sólo con vida a un bebe y un viejo borracho. Un plan de contingencia secreto se pone en marcha, y un grupo de cinco investigadores se trasladan a una estación científica secreta, donde conducen una dramática carrera contra al tiempo intentando descubrir la causa del desastre, antes de que la expansion del virus desconocido conduzca a una catástrofe global
Robert Wise , su director, deseó hacer una película que reflejara el método ciéntifico, aunque eso significara de alguna manera sacrificar el ritmo de la película. Y aunque ello es así, resulta de alguna manera fascinante y añade a la intriga ver como el grupo de investigadores identifica el problema y lucha contra el tiempo para encontrar una solución.

Si la vida es un proceso químico que se origina mas o menos naturalmente dadas las condiciones adecuadas, no sería extraño concluir que dada la edad de nuestra galaxia hubiera transcurrido suficiente tiempo para que la semilla de la vida hubiera aparecido en otro lugar para luego viajar por los confines del espacio hasta nuestro planeta.

Por supuesto, esto no significa resolver el problema del origen de la vida, sino trasladarlo en el espacio y el tiempo a otro lugar mas lejano.

La idea de las semillas de la vida llegando desde el espacio es muy antigua. Proviene de la época de los griegos, alcanzando su legitimidad científica en los siglos 19 y 20, en los cuales se elaboró en mas detalle la teoría de la panspermia. Para entonces se postuló el viaje de esporas en el espacio que sobrevivirían a las duras condiciones del espacio interestelar, moviendose como resultado de la presión de radiacion de las estrellas. Se ha postulado que sustancias orgánicas completas e incluso organismos primitivos podrían evolucionar en la superficie del polvo cósmico, y de alli transportarse a través de cometas o meteoritos por el espacio.

Para ser este escenario posible, seria necesario imponer requerimientos muy fuertes al tamaño de las esporas para que sobrevivan a la radiación ultravioleta del espacio. Por ejemplo, para escapar la gravedad de una estrella del tipo del Sol, el microorganismo debería de tener un tamaño de 0.2 a 0.6 micrones, lo que la coloca dentro del rango de algunas esporar terrestres.
Un mecanismo de transporte de estas esporas es bien conocido. Los meteoritos creados por colisiones de cuerpos celestes con cometas pueden servir con acarreadores de bacterias en el espacio, protegiéndoles también de la radiación ultravioleta.

Todo este escenario no es una simple especulación. Dado que amino-ácidos y otros elementos que forman la química de la vida fueron detectados en meteoritos, no puede descartarse la introducción de vida desde el espacio exterior o, por lo menos, de una colaboración en el desarrollo de los primeros estadios de la vida en la Tierra.

Ahora, dos prestigiosos investigadores australianos han sido los que han vuelto a abordar el polémico asunto de la posible llegada de organismos extraterrestres a la Tierra. Según exponen en un reciente trabajo publicado en la revista científica Journal of Astrobiology, los posibles microbios extraterrestres habrían llegado hasta nuestro planeta en sus albores, hace unos cuatro mil millones de años, en un periodo conocido como bombardeo arcaico, una era en la que se precipitaron sobre el planeta numerosos asteroides y meteoritos.
Estas formas vivientes habrían coexistido desde entonces con los organismos terrestres, y podrían haber llegado hasta la actualidad sin ser detectados.“Tenemos la tecnología para buscarlos, pero hasta ahora no nos hemos molestado en intentarlo”, manifestó uno de los autores del estudio, Paul Davies, del Centro Australiano de Astrobiología, en la Universidad Macquarie de Sydney. “Los microbios alienígenas son probablemente tan extraños que podrían no ser detectados en un análisis microbiológico corriente”, añadió el científico que ha realizado el estudio junto al doctor Charles Lineweaver.
Estos investigadores, que reconocen que su propuesta presenta, por el momento, una alta proporción especulativa, creen que los microorganismos extraterrestres pueden vivir entre nosotros, ante nuestras propias narices, pero que serían tan extraños que podrían haber pasado desapercibidos hasta ahora. También cabe la posibilidad de que hubiesen sobrevivido hasta nuestros días en algunos de los habitats más extremos de nuestro planeta, como algunos lagos altamente contaminados, las fuentes hidrotermales que se encuentran en el fondo del mar –o incluso la alta atmósfera–, a decenas de kilómetros de altitud.
Según estos investigadores, el mundo de las bacterias todavía puede reservar grandes sorpresas, como quedó demostrado por el relativamente reciente descubrimiento de las arqueas, un tipo de microbios similares a las bacterias, pero que tienen una composición genética totalmente diferente, y que una de estas sorpresas podría ser el descubrimiento de microbios alienígenas en la Tierra.ADN alienígena en humanosDavies también apunta otra sugerente posibilidad: los primitivos organismos extraterrestres llegados a nuestro planeta podrían haber intercambiado información hereditaria con los microbios terrestres.
En otras palabras, el ADN de los seres vivos terrestres, incluido el ser humano, contaría con genes alienígenas. “Es concebible que los restos de sistemas bioquímicos alternativos se puedan haber incorporado a los actuales organismos de la Tierra”, afirmó.¿Llevamos en nuestro material hereditario la huella de los microbios alienígenas que llegaron hace miles de millones de años a la Tierra? De ser cierta esta posibilidad, la separación entre lo que es terrestre y extraterrestre se iría difuminando. Diversos científicos han sugerido que la vida en la Tierra pudo comenzar con la llegada de meteoritos procedentes de Marte, ya que portaban en su interior la semilla de los seres vivos: primitivas formas de microorganismos.
Por el momento, esto es sólo una suposición que, en parte, se basa en el estudio de meteoritos marcianos llegados a nuestro planeta, que muestran unas formaciones que algunos científicos no han dudado en señalar claramente como de origen biológico.Aunque también podría ser lo contrario, que las formas de vida de la Tierra llegasen hasta el planeta rojo hace cientos o miles de millones de años, sembrándolo de vida en un momento de su historia biológica en la cual las condiciones ambientales eran más propicias para el florecimiento de formas vivientes, con una relativa abundancia de agua en la presencia de ríos y mares.
Recientemente, las sondas espaciales norteamericanas que están investigando Marte han estudiado cinco cráteres situados en la zona ecuatorial del planeta, que podrían ser zonas idóneas para buscar posibles organismos vivos. El astrónomo canadiense Jafar Arkani-Hamed ha propuesto que podrían ser la consecuencia del impacto de un gran asteroide que se rompió en cinco grandes partes cuando se precipitaba contra la superficie marciana, sembrando –tal vez– de vida las arenas marcianas.Cada vez hay más científicos que consideran que las posibilidades de que aparezca vida cuando el entorno es el adecuado –por su temperatura o la presencia de agua– son muy altas.
El propio Davis estima que alcanzarían el 95%, lo que le lleva a formular la hipótesis de que es muy probable que ésta haya aparecido en la Tierra en más de una ocasión. “Por lo que nosotros sabemos sobre los primeros registros de la vida, ésta apareció tan pronto como las condiciones ambientales eran las adecuadas”, dijo el investigador australiano, que apuntó que “es bastante posible que la vida comenzara en la Tierra en más de una ocasión”. El bombardeo de grandes asteroides contra la superficie terrestre hace unos cuatro mil millones de años habría provocado una serie de aniquilaciones de la vida terrestre, seguidas por el nacimiento de nuevas formas vivientes.
De esta forma, la vida habría sido destruida y vuelto a aparecer dos, tres o, quién sabe, si hasta cuatro veces, y los microorganismos de la Tierra, lanzados al espacio junto con las rocas desprendidas a causa del impacto de meteoritos, podrían continuar en la órbita solar o precipitarse a alguno de los planetas próximos, como Marte, habiendo sido colonizado, según cree Davis.Infecciones que vienen del espacio.
El bombardeo extraterrestre de microbios podría no ser sólo algo limitado a un pasado lejano en la historia terrestre. Tal vez ahora mismo estén llegando a la nuestro mundo nuevos microorganismos procedentes del espacio. La pista para seguir las huellas de esos microscópicos invasores podría encontrarse en algo tan aparentemente corriente como las epidemias de gripe.
Dos conocidos científicos como Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, de la Universidad de Gales, en Cardif, propusieron hace cinco años algo que en boca de unos investigadores con menos prestigio habría sido considerado una broma: el virus de la gripe vendría del espacio.La pista para una propuesta tan revolucionaria estaba en el estudio de las diferentes epidemias de gripe, pues encontraron que tenían una fuerte relación con el ciclo de las manchas solares, que es de once años.
Coincidiendo con el momento de mayor actividad solar, cada once años se producía una epidemia especialmente importante, y los casos de contagio podían aparecer prácticamente al mismo tiempo en lugares separados por miles de kilómetros de distancia. Ese fue el caso, por ejemplo, de la terrible epidemia de 1918, que provocó más muertes que la Primera Guerra Mundial, que acababa de concluir. El mismo día se dieron los primeros casos en poblaciones tan alejadas como Bombay (India) y Boston (EEUU) .Según estos dos científicos, el virus de la gripe llegaría del espacio exterior junto con el polvo que forma parte de los restos de los cometas. Este material capturado por la gravedad de la Tierra permanecería durante años, quizá décadas, en órbita terrestre, hasta irse precipitando sobre la alta atmósfera. El efecto de los periodos de mayor actividad solar sería el de provocar una mayor precipitación de ese polvo cósmico sembrado de microorganismos.
La llegada de microbios patógenos del espacio no sería algo limitado a la gripe; otras enfermedades provocadas por virus podrían tener ese mismo origen. El propio Chandra propuso hace un par de años que la epidemia provocada por el virus Sars podría tener su origen en el espacio exterior, lo que explicaría su súbita aparición en China. Este científico, que en la actualidad es profesor de Matemática Aplicada y Astronomía en la Universidad de Cardiff, y director del Centro de Astrobiología de esa ciudad, es uno de los principales defensores de la hipótesis de la panespermia, que propone que la materia orgánica que forma los seres vivos, e incluso microorganismos, puede estar en el espacio junto al polvo cósmico de los cometas y, de esta forma, diseminar la vida por diferentes planetas.
El investigador hace ya más de tres décadas que fue el primero en identificar la presencia de polímeros orgánicos en el polvo interestelar, algo que hoy día está fuera de toda duda.Por supuesto que la teoría de la llegada de virus cósmicos no es algo que todos los científicos hayan aceptado. Se ha objetado que en el espacio exterior la cubierta de grasa que cubre a los virus se secaría. Tal cosa es posible, pero también lo es que los microbios tengan una capacidad de resistencia mayor de la esperada, de modo que puedan soportar el ambiente extremo del espacio, por ejemplo, en forma de esporas.
Otros investigadores han criticado que, aunque sobreviviesen al viaje espacial, en la entrada en la atmósfera los microorganismos quedarían destruidos por el efecto del extremo calentamiento provocado por la fricción con las altas capas de la misma. Esta objeción parece haber sido superada por la fuerza de los acontecimientos. Cientos de pequeños gusanos que formaban parte de un experimento en el trasbordador espacial Columbia sobrevivieron al desastre, que acabó con su destrucción el 1 de febrero de 2003 y con la vida de sus siete tripulantes. Ni el enorme calor provocado por la reentrada, el frío de la alta atmósfera, las fuerzas aerodinámicas o las ondas de choque, pudieron cercenar las vidas de los “humildes” gusanos que se encontraban en sus contenedores, que se convirtieron en los primeros seres vivos, que se sepa, que han superado una reentrada no controlada en la atmósfera terrestre.
Se calcula que los contenedores con los pobres bichos salieron despedidos de los restos de la nave cuando se encontraban a entre 32 y 42 kilómetros de altura, cayendo a unos mil kilómetros por hora. Cuando tres meses después fueron recuperados, hallaron en su interior las generaciones descendientes de los gusanos que volvieron a la Tierra, ya que su ciclo vital es de unos siete a diez días. Si éstos fueron capaces de soportar la reentrada, ¿por qué no podrían superarla otros microorganismos extraterrestres alojados en cavidades de meteoritos?

"End of transmission"



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