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viernes, 22 de julio de 2011

LA VIDA, LA MENTE, LA MATERIA

La versatilidad en el trabajo intelectual y la independencia ante las interpretaciones aceptadas y el discurso único imperante representan las virtudes básicas de todos los hombres y mujeres que han sido “hombros de gigantes” para las generaciones posteriores, las cuales, gracias a ellos, han podido ver más lejos en el valle del saber.
Este es el caso de Erwin Schrödinger (1887-1961), científico de origen austríaco , cuya labor en el campo de la mecánica cuántica, con la ecuación que lleva su nombre, le proporcionó el Premio Nobel de Física en 1933. Cuatro profesores de la prestigiosa Universidad de Stanford analizan la relevancia de su pensamiento en los ensayos que conforman el libro Mente y Materia ¿ Que es la Vida ?: Hans U. Gumbrecht, Robert P. Harrison, Michael R.Hendrickson y Robert B. Laughlin.

Como describen, estamos hablando de un investigador caracterizado por la pasión de explicar algo y la pasión por revelar algo. No busca cerrar los problemas de manera dogmática y olvidarlos, sino abrir nuevos caminos, encontrar nuevos misterios que nos muevan y nos conmuevan. Es un científico que piensa filosóficamente, que profesa admiración por el pensamiento de Schopenhauer y por una de sus principales fuentes: la filosofía hindú. Abre su mente, por tanto, a otras disciplinas del conocimiento que interactúan con la suya propia con naturalidad.
La física, su dominio principal, consiste para él en entender un hecho y explicarlo claramente a otros. Su honestidad, claridad y dinámica intelectual son las causas de la fascinación que producen sus textos aún hoy en el mundo científico e intelectual.

La vida, expone Schrödinger, constituye un caso excepcional en el sistema de la materia. El modelo de reproducción de la vida parece eludir las leyes físicas :“En biología nos encontramos frente a una situación enteramente diferente. Un grupo de átomos (…) produce acontecimientos ordenados, maravillosamente organizados entre ellos y con el medio, de acuerdo con las leyes más sutiles” (pág. 26). No pueden reducirse estos procesos a las leyes ordinarias de la física, aunque esto no significa que no obedezca a ningún tipo de leyes naturales . La materia vital, si bien no rehuye las “leyes de la física” tal como están establecidas hasta la fecha, probablemente abarque “otras leyes físicas” desconocidas hasta ahora.

Siguiendo esta senda innovadora, propone dos metáforas fundamentales para la biología: la “molécula maravillosa” y el “cristal aperiódico”. La primera alude al principal gen molecularizado, que programa el organismo y contiene toda la información necesaria para su desarrollo y mantenimiento, así como los medios necesarios para la realización de lo programado. Es un plan predefinido marcado por un “código” presente en cada gen y un evidente reduccionismo, ya que implica que -sólo- somos nuestros genes. La segunda imagen, por otro lado, dibuja una estructura de inspiración cuántica para la molécula biológica que consigue hacerse cargo de la enorme información que ésta alberga.

Estas concepciones, que serán ampliadas y superadas posteriormente por la llamada “biología de sistemas”, abrieron, en su día, una perspectiva esencial en las investigaciones de biología molecular. En palabras de Linus Pauling recogidas en este libro: “El desarrollo de la biología molecular se basa casi en su totalidad en las ideas que aportó la mecánica cuántica a la química. En mi opinión, se justifica decir que con su formulación de la ecuación ondulatoria, Schrödinger es básicamente responsable del desarrollo de la biología moderna” (pág. 87)

En Mente y materia, enuncia dos problemas que están íntimamente relacionados. En primer lugar se pregunta: ¿Es posible “rozar” la materia, el mundo exterior, con la mente? Todo nuestro conocimiento sobre el mundo descansa enteramente en las percepciones sensoriales inmediatas, mientras que, por otro lado, este conocimiento no es capaz de revelar las relaciones existentes entre las percepciones sensoriales y el mundo exterior; toda calidad sensorial está ausente.
La segunda cuestión la ejemplifica de esta manera: “Si pedimos a un físico su idea sobre la luz amarilla, nos dirá que son ondas electromagnéticas cuya longitud de onda es de unos 590 nanómetros. Si le preguntamos ¿Pero dónde está el amarillo?(…)Nos contesta: “Este tipo de vibraciones, cuando dan en la retina de un ojo sano, generan una sensación de amarillo a su propietario” (pág. 33) A saber, sólo está en la mente del individuo, que no es estudiable científicamente, como sí lo son el cerebro y el oído. Analizándolos, vemos que no hay fenómeno sensitivo ni nervioso que sea “color amarillo”.

Pasamos, con esto, de la segunda a la primera dificultad. El motivo por el cual no llegamos a conocer las relaciones sensoriales y el mundo exterior es la simplificación que llevamos a cabo en el mismo proceso de conocimiento para dominar la naturaleza:“La mente ha construido el objetivo mundo exterior fuera de su propia sustancia” (pág. 39).La mente convierte la materia en significado y transforma la naturaleza en mundo. Aquí no hay lugar para la ciencia, que no entiende de sujetos ni subjetividades, sólo de lo que nos aparece tal como nos aparece. Se produce, así, una escisión clara entre la experiencia vivida de percepción, pensamiento y sentimiento, y el soporte material que la posibilita.

A su parecer, estas dos dificultades “serán resueltos si asimilamos la doctrina de la identidad oriental a la ciencia occidental(…)Con ello, todas las mentes son una sola” (pág. 48)En esa línea “el mundo que se extiende en el espacio y en el tiempo no es sino una representación nuestra” (pág.51) La solución propuesta muestra lo que define a este científico: la exposición de tesis a través de una originalidad allende todo prejuicio.

A modo de conclusión, podemos decir que lo que se manifiesta en la presente obra, con una amplitud temática admirable, es que Schrödinger aborda los dilemas teóricos con interpretaciones que se alejan de las establecidas en la vida cotidiana histórica y cultural de su tiempo. Es precisamente esta actitud, considero, la que debe practicar una y otra vez el pensamiento intelectual y científico para ser descrito como innovador. Lo que sabemos, así, nos seguirá manteniendo conscientes de lo que no sabemos y nos permitirá continuar con ese calmado esfuerzo que acompaña al aprendizaje.

"El mayor desorden de la mente consiste en creer que las cosas son de cierta manera, porque nosotros deseamos que asi sean".

"End of transmission"






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