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sábado, 7 de marzo de 2015

DIMENSIONES DE LA DUALIDAD CUANTICA



Uno de los misterios más profundos de la física cuántica es la dualidad onda-partícula: cada objeto cuántico tiene propiedades tanto de una onda como de una partícula. Para que nos entendamos, la materia tiene una naturaleza indefinida que le permite estar en varios lugares a la vez.
Este efecto se demuestra mediante el experimento de la doble rendija. En él, se disparan partículas a una barrera con dos aberturas estrechas en dirección a una pantalla en la que se reflejan los impactos. Mientras que cada partícula se muestra en el detector de forma individual, en su conjunto crean un patrón de interferencia como si fueran olas.
En caso de actuar como corpúsculos, los impactos se marcan en dos franjas tales como cada una de las aberturas por las que cruzan las partículas. En el caso de las ondas, se forma un patrón de interferencias que deja varias franjas en la pantalla.
Todo resulta aún más desconcertante cuando en el haz de electrones del experimento sólo se dispara un electrón cada cierto tiempo. Se impide así que el electrón interfiera con otros electrones, pero el efecto acumulado de varios electrones produce el patrón de interferencia. Digamos que el electrón interfiere consigo mismo. Sin embargo, si vigilamos por dónde pasa, desaparece la interferencia y el electrón se vuelve a comportar como una partícula.

Con la fotografia, que confirma la dualidad onda partícula, los investigadores observaron la naturaleza corpuscular de las moléculas en forma de puntos de luz individuales que aparecen por separado en el detector de fluorescencia a medida que llegaban. Pero con el tiempo, estos puntos forman un patrón de interferencia, debido al carácter ondulatorio de las moléculas
Puesto que las moléculas del experimento son relativamente grandes y masivas, se acerca a esa región en que la física cuántica macroscópica y la cuántica se superponen, ofreciendo una posible manera de estudiar la transición que ha frustrado a muchos científicos durante décadas. 

Los futuros experimentos con moléculas más grandes incluso podrían ser capaces de analizar la transición entre la física todos los días, en la que la interferencia cuántica no juega un papel fundamental, al menos aparentemente, en el mundo de los quantos.

En realidad, desde el punto de vista teórico, toda la realidad está formada por ondas de posibilidad, incluyendo los objetos más grandes que podamos imaginar. Como resultado del principio de incertidumbre de Heisenberg, por el que no se pueden conocer a un tiempo todas las magnitudes físicas de un objeto cuántico y por tanto realizar una medición precisa, la realidad se representa como una gráfica en forma de campana en la que se distribuyen las probabilidades de que un suceso se de. Es decir, nuestro universo es probabilístico, no determinista.
Esto es realmente interesante desde otro punto de vista, porque ¿significa esto que no existe el destino? En realidad parece que al contrario, hay una fuerza que lo determina absolutamente todo y aquí abajo se conoce con el nada estimulante nombre de estadística. Cuantas más interferencias entre diferentes ondas de posibilidad, más marcados los rangos de la campana y menos lugar hay para las fuerzas creativas. Asunto este que da para muchas horas de reflexión en torno al escaso papel que el libre albedrío juega dentro del plan cósmico más absoluto.

La onda de posibilidad se extiende por todo el universo. Como ejemplifica el profesor del MIT, Michio Kaku donde establece que podemos calcular las probabilidades de despertarnos mañana en Marte, aunque la escala de tiempo necesaria para ello es superior a la edad del universo. Una opción en más de 13.000 millones de años…
Durante un tiempo, existió un debate en torno al principio de incertidumbre para dilucidar si las ondas de probabilidad
 se debían a la incapacidad del observador para determinar los datos iniciales que permitirían realizar una medición exacta sobre el lugar y momento que una partícula ocuparía. Los experimentos demostraron que las fluctuaciones son inherentes al sistema. 
Es decir, el observador no localiza un aspecto objetivo y pre-existente de la realidad, lo crea mediante el hecho de observar. De modo que, si no hay observador no hay partícula concreta que valga, sólo onda de posibilidad. Al efectuarse la observación, la onda colapsa en un punto donde la probabilidad se transforma en 100% y el resto de la onda, incluyendo nuestra opción de despertar en Marte, adquiere un valor 0.
Para el físico Amit Goswami, esto es un aspecto muy poderoso para demostrar que la conciencia, como inteligencia única, primera y universal, es un hecho. Puesto que, si todos los niveles de la realidad son ondas de posibilidad, ¿quién los colapsa? Si la conciencia fuera un resultado de la materia como dicen muchos científicos, para quienes el cerebro crea dicho ente, la conciencia misma sería otro nivel de onda de posibilidad surgido de una realidad ya colapsada.

Siempre ha de existir una conciencia como causa primera y descendente que colapse la onda y la materialice. Del mismo modo, la dualidad corpúsculo-onda obliga a reflexionar en la naturaleza complementaria de nuestra realidad: la naturaleza de la partícula es inmanente al espacio-tiempo, existe en él, mientras que la naturaleza de la onda es trascendente al mismo. Influye en nuestra realidad desde alguna dimensión más allá del tiempo y del espacio, pues no está manifestada y supera sus restricciones. Lo cual es una consideración que se puede generalizar a los diferentes aspectos “mágicos” de la mecánica cuántica, como el entrelazamiento, que implica la no localidad, es decir, los efectos a distancia o, como los llamó Einstein, efectos fantasma, supone la influencia de una partícula sobre otra de manera inmediata, sin lapso de tiempo que cubra el viaje desde la causa al efecto a través del espacio.
Este efecto podría estar relacionado con el colapso de la onda de posibilidad. Al reducir a cero todas las opciones en el resto del universo, el colapso de una onda afectaría de alguna manera a las ondas de las demás partículas entrelazadas, siendo este el nexo entre ellas. No en el espacio-tiempo, sino en la dimensión trascendente en que se encuentra la onda de posibilidad.


La dinámica cuántica es un pilar clave en la unión entre la materia y la conciencia, estableciendo una nueva concepción de nosotros mismos. La dualidad de la existencia onda-partícula (o bien energía-materia) está entonces determinada por nuestra observación.

«Parece como si tuviésemos que usar a veces una teoría y a veces la otra, mientras que a veces podemos usar ambas. Estamos enfrentamos a un nuevo tipo de dificultad. Tenemos dos imágenes contradictorias de la realidad,.. Por separado ninguna de ellas explica plenamente los fenómenos de la luz, pero juntas sí lo hacen». Albert Einstein,

"End of transmission".


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